Hábitos Virtuosos
Los hábitos virtuosos se forman en la vida cotidiana. Se construyen poco a poco mediante decisiones, acciones, relaciones y experiencias concretas.
La virtud se hace vida
Una persona no vive en partes separadas. Cada decisión, cada relación, cada aprendizaje y cada experiencia compromete a la persona entera. Por eso los hábitos virtuosos se cultivan de manera integral, en la vida concreta.
Una persona, cinco dimensiones
Las dimensiones corporal, cognitiva, afectiva, social y espiritual no son compartimentos aislados. Son aspectos de una misma persona que se relacionan continuamente en cada experiencia de la vida.
Corporal
La persona vive y actúa mediante su cuerpo. Cultivamos hábitos de cuidado, autonomía, orden, descanso y uso adecuado del cuerpo.
Cuidar y actuarCognitiva
Comprende la capacidad de conocer la realidad. Fortalecemos la atención, la percepción, la comprensión, el razonamiento y la búsqueda de la verdad.
Percibir y comprenderAfectiva
Integra la voluntad, los sentimientos, las emociones y las pasiones. Acompañamos el reconocimiento, orden y dominio de los afectos.
Reconocer y ordenarSocial
La persona está llamada a vivir en comunidad. Cultivamos hábitos de respeto, convivencia, colaboración, amistad, responsabilidad y servicio.
Relacionarse y servirEspiritual
Expresa la apertura de la persona a Dios. Comprende la oración, la gratitud, la relación con Dios y el crecimiento en la vida de gracia.
Trascender y orientarTodo está conectado
Cuando una persona aprende, decide, ama, trabaja, convive, sirve o enfrenta una dificultad, no actúa desde una sola dimensión.
Las cinco dimensiones están presentes y se relacionan en la experiencia concreta.
vive todas las dimensiones.
puede comprometer varias dimensiones.
acompaña a la persona entera.
PERSONA
¿Dónde aparecen los hábitos?
Los hábitos no se forman solamente cuando alguien enseña explícitamente. Se construyen en las situaciones ordinarias en las que la persona aprende a actuar, decidir, relacionarse y perseverar.
En las rutinas
Levantarse, organizarse, alimentarse, descansar, cuidar las cosas y cumplir pequeños compromisos.
En el estudio y el trabajo
Atender, perseverar, terminar lo comenzado, buscar la verdad y realizar bien una tarea.
En las emociones
Reconocer lo que se siente, aprender a expresarlo, ordenar los afectos y responder adecuadamente.
En las relaciones
Escuchar, respetar, cooperar, pedir ayuda, reparar una falta, compartir y servir.
En la vida espiritual
Agradecer, reconocer el bien recibido, orar, confiar en Dios y orientar la propia vida.
En las decisiones
Cada decisión cotidiana es una oportunidad para aprender a elegir el bien y fortalecer una manera estable de actuar.
De la experiencia al hábito
La formación de hábitos virtuosos requiere tiempo, acompañamiento y oportunidades reales para actuar.
Reconocer
Identificar qué está sucediendo, qué se necesita y qué respuesta concreta se puede dar.
Comprender
Comprender el sentido de la acción y reconocer por qué una respuesta conduce al bien.
Practicar
Actuar de manera concreta, volver a intentarlo, corregir y recibir acompañamiento.
Consolidar
La repetición de buenas acciones va formando una disposición estable para actuar bien.
El hábito orientado a la virtud
El hábito concreto que se quiere formar se orienta siempre al crecimiento en una virtud. Esta es la conexión que guía el trabajo y da sentido al PEIA.
Construyamos los hábitos virtuosos
Plan Estratégico de Intervención y Acción
El PEIA organiza una situación educativa concreta en cuatro pasos para orientar la formación, acompañar el proceso y llevarlo a acciones concretas.
El seguimiento acompaña los cuatro pasos mediante el juicio prudencial: permite revisar los avances, valorar lo que ocurre y realizar los ajustes necesarios. No es un quinto paso.
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